Hans - Six Weeks Six Senses (1)

Hans - Six Weeks Six Senses (1)

Como estoy tan floja con la escritura decidí unirme a un reto llamado: Six Weeks Six Senses del Sarah Selecky Writing School. Durante seis semanas ella nos dará un prompt, y un sentido y de ahí nos debemos inspirar para escribir. La primera semana fue la vista, y las tres imágenes son las fotos de abajo. Sin más explicación les dejo el primer cuento de este challenge: Hans

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HANS

por Mariel López

 

Hans buscaba entre la grama, sus manos pasaban por las agujas verdes que era el pasto de la casa de su madre. Su cabello pelirrojo contrastaba con el verde suelo y el azul de la casa de su niñez que se encontraba atrás. Enderezó su espalda y observó con determinación aquella vieja casa. Sus dos pisos, y el ático en donde él y su hermana jugaban a las escondidas.

Un pequeño rayo de luz finalmente salió de entre las nubes en el oscuro fin de semana que había sido volver a una casa vacía, y ahora en su larga búsqueda por la extraña copa favorita de mamá.

A simple vista una simple copa de vino. Tallo largo, la cual su madre agarraba en sus últimos años de vida. No quiso ni tomar agua de otro lado. Esta copa clara y de cristal con la cual ella brindaba en cada sorbo por la vida, por la familia, por los que se fueron y los próximos en irse. ¿Habrá pensado en su vida en su último brindis? Aquella copa era la última que quedaba del set de regalo matrimonial. La sobreviviente. Pareciera frágil al ser de vidrio, pero era especial. Sin importar las veces que se cayera la copa estaba como nueva. La copa favorita de mamá.

Hans se cubrió la cara del sol, y se arrodilló de nuevo y volvió a su búsqueda. Sus largos brazos con más color por sus pecas que por su color de piel moviéndose mecánicamente como un detector de metales. La grama pinchaba sus pies descubiertas por las sandalias. Como pequeños pinchazos queriendo recordarle que estaba vivo.

¿Por qué Hans había tirado la copa? Minutos antes mientras él recogía la casa tumbó sin quere aquella copa vacía que se encontraba la mesita de noche de su madre. Esta cayó sembrada como si nada. La recogió con cuidado entre sus dedos, y por instinto la dejo caer de nuevo. La copa dio par de vueltas en el piso y volvió a estar parada.  Perfecta, como si nada hubiera pasado.

¿Qué le pasa a esta maldita copa?  Ya no tienes nada que hacer en este mundo – le gritó Hans.

Su pálido rostro se tornó cada vez más rojo mientras se acercaba a la inocente copa en el piso. Su cara se confundía con su cabellera. Hans tomó la copa, abrió con estruendo la ventana y lanzó la copa lo más lejos que pudo al patio de atrás gritando – Rómpete de una maldita vez.

Siguió ordenando la habitación, pero las lágrimas rebosaron de sus ojos. Soltó lo que tenía en la mano y salió corriendo, bajó las escaleras y en frenesí se dirigió al patio en búsqueda de la copa. La copa favorita de mamá.

Así encontró la lluvia a Hans tiempo después sin poder conseguir la copa. Aquel rayo de luz del sol había vuelto a desaparecer. ¿Acaso finalmente se había destruido la vieja copa? La primera gota interrumpió su búsqueda. La segunda gota lo hizo mirar hacía arriba hasta que cientos le siguieron. Hans quedó inmóvil dejando que la lluvia lo limpiara hasta quedarse empapado. Se dejó caer en el pasto, y tomó asiento. Aquella grama que lo maltrató anteriormente ahora le hacía una cama de lodo para su dolor.

¡Papá! – Hans escuchó a lo lejos.

Al voltearse vió a su hijo de siete años, tan parecido a su madre, pero con los ojos azules de su padre, dirigiéndose hacia él.

El niño corrió a los brazos de Hans quien lo recibió con ansias.

¡Emmanuel! ¿Y tu mamá? – preguntó Hans al alegre niño.

Emmanuel señaló a una mujer bajo una sombrilla. Ella con su piel morena, con su mano libre hizo ademán a su esposo para que se resguardaran de la lluvia. Hans con su hijo en los brazos se encaminó hacia su esposa y ahí fue cuando la divisó. Aquella copa, perfecta excepta por una pequeña rotura en la base.

Hans la recogió, ambos cuerpos empapados y pensó – Tal vez te tengamos algún uso en nuestra casa aún – y sonrió.

        

Una carta a Sudan (the rhino)

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