7 días sin Redes Sociales

7 días sin Redes Sociales

Recientemente escuché un podcast de Lewis Howes, con Manoush Zomorodi que habla sobre como el aburrimiento puede llevar a momentos de creatividad (muy interesante, lo recomiendo, aunque es un poco largo). Sobre como el celular inteligente nos ha distraído de la posibilidad del aburrimiento, ya sea en una fila, en un ascensor, en la oficina, en cualquier lugar. No es raro ver en juntas con amigos que de a momentos todos usan el celular, de a otros momentos al menos dos o tres personas los están revisando. Las redes sociales, una herramienta de ayuda se ha convertido en un aislador. Dice que no nos damos el tiempo de estar solos, de pensar en el día, en nuestros problemas, de estar con nosotros mismos o con otros por completo.

Esto me acordó de un détox de las redes sociales que hice en julio durante una semana. Así que decidí compartirles mis notas y mis aprendizajes. Mi détox no fue al 100%, ya que está demás decir que desaparecer por una semana es tan aislador del mundo como estar siempre pegados a ellos. Por eso como todo challenge o détox me impuse algunas reglas a seguir.

Las reglas:

  •         Cero Instagram (sin contar la reseña de The Girl on the train en la cuenta de @bokxreaders en Instagram).
    •   Sin contar mensajes directos.
  •         Mute en todos los group chats de Whatsapp, sólo revisar una vez al día.
  •         Whatsapp directos son permitidos.
  •         Cero Twitter.
  •         Youtube de aprendizaje permitido.
  •         Emails de trabajo permitidos
  •         Empezando jueves 29 de junio 11PM hasta el jueves julio 11 PM

El proceso:

Antes de empezar esa noche les dije a mis amigos cercanos lo que iba a hacer, les expliqué por si no respondía rápido en grupos y que si querían que me contactarán con una llamada o en directo. Coloque mi celular en silencio, exceptuando las llamadas o mensajes directos, y estos se encontraban en sonido. Todo parecía fácil, y me fui a dormir.

En los próximos días experimenté varias cosas que no me dan paz mental. Primero, un pull en los dedos de mi mano derecha deseando, no, mejor dicho, necesitando tomar el celular cada cierto tiempo, y esos no muy largos entre ellos. Cada vez me debía recordar de soltar el celular. Otras veces tomaba el celular, y entraba en Instagram automáticamente. Mi arreglo: cambiar a otro lugar esa aplicación que es la que más usaba. Cuando tomaba una foto, mi primer pensamiento era que no podía subirla. Cualquier momento libre que quería tomar el celular era cuando no quería pensar en algo, o no quería hacer algo. El celular es un gran aliado para la procrastinación. Sobre todo, estuve muy consciente de todas las veces que otros toman el celular creando una barrera en un momento compartido. Me percaté lo fácil de tomar el celular e sumergirse en posts

y posts

y posts

y posts en vez de seguir una conversación, pensar en tus propios problemas, y de nuevo estar solo o estar con otros conscientemente, no con otros a medias.  Los pulgares ya son unos expertos en ver redes sociales, y ya un double tap o swipe up es automático.

Los siete días pasaron y mis deseos de tomar el celular en cada momento fueron bajando. Pero al pasar los siete días volví a las redes sociales con otra perspectiva sobre ellas.

El aprendizaje:

1.       El consumo de información debe de valer la pena. Consumir para crear.

El problema no es el uso del celular, no es tampoco el consumo de información. El problema es el tipo de información que consumimos. Dejamos de crear, y nos pasamos cualquier minuto libre consumiendo información usualmente de poca importancia. ¿Le damos el uso correcto a las redes sociales? Estas herramientas abren el paso para poder comunicarnos con cualquier persona en el mundo, acorta distancias y con poco esfuerzo me puedo comunicar con mi amiga en Pakistán, o con la otra amiga en Tailandia, en Estados Unidos, en Japón o con una persona en cualquier parte del mundo. Nos da la posibilidad de intercambiar ideas, culturas, diferentes pensamientos, de aprender, de organizar. Nos da la oportunidad de mantener lazos, de crear nuevos con quien sea mientras tenga la misma herramienta. Con un simple botón puedes escribirle a alguien que te inspire, a otro creador, hacer alianzas, hacer amigos, lo que desees. Las redes sociales están llenas de inspiraciones, de arte, de opiniones, de información, todo lo que te puedas imaginar en momentos que necesitas inspiración.

2.       El tiempo tiene más valor para simplemente tirarlo a la basura

Las redes sociales al mismo tiempo, llegaría a decir, nos hace adictos a la distracción, y más que todo de una distracción banal.  Todos conocemos ese momento cuando te das cuenta de que perdiste entre 20 a 45 minutos viendo la vida de otras personas en las redes sociales sin darte cuenta. Todos sabemos que las redes sociales son aspiradoras de tiempo, están diseñadas para justamente eso, para que dures mucho tiempo en ellos y para que regreses una y otra vez.

Las redes sociales nos roban tiempo de nuestra presencia física, de interacciones con aquellos físicamente cerca por el tiempo con una pantalla. Y seguimos consumiendo, y consumiendo, y consumiendo. Vivimos en dos realidades, sabiendo más sobre personas que muchos no saludarían en vida real que del que tienes al lado. Atrasamos un proyecto por horas por ver fotos de fulanito con menganita. Tomamos el celular sin ni siquiera saber que estamos buscando. Como una persona que come lo que se encuentre al sentir ansiedad, así nos encontramos, pero con algo que siempre está cerca de nuestras manos. Como escuché en algún lado: el tiempo es una opción que muestra nuestras prioridades. Y muchos damos prioridad de más a las redes sociales.  

3.       Estar presente

Nos preguntamos a donde fue nuestro día, que siempre estamos tan ocupados, que las horas del día no son suficiente y muchas veces es que no sabemos disponer el tiempo para lo que es necesario. El gran multitasking que nos hace sentir a medias y hacer a medias. Comer y ver el celular: se comé de más para luego sentirnos mal; no aprovechamos la sobremesa con amigos o familiares para luego preguntarnos porque la relación no es buena; no damos nuestro mejor trabajo porque en el tiempo que hace una tarea se chequea el celular hasta 20 o 30 veces.

Tal vez por eso se ha hecho tan popular el mindfulness, la meditación, las búsquedas de maneras de controlar el estrés, las maneras de ser más productivo, las maneras de manejar tu tiempo.  La necesidad que piden todas las generaciones de hoy de tener un respiro, de estar presente, de no ser esclavos de una herramienta fue creada para ayudarnos. La cantidad de personas que son atacadas en la madrugada por los problemas porque no lidian con ellos durante el día, pero plagan la mente en los pocos momentos que estamos con nosotros mismos. No resolverá todos los problemas, pero tal vez necesitamos estar presentes en el tiempo que le damos a las redes sociales y estar presente cuando lo hagamos, estar presente cuando estemos con otras personas, estar presente cuando estemos trabajando, estar presente cuando veamos una película, o simplemente estar presente con nosotros mismos. En fin, tomar conciencia para no preguntarte al final del día: ¿en qué se fue mi tiempo?

4.       Las redes sociales son necesarias

Quien esté leyendo esto talvez crea que estoy demonizando a la tecnología y las redes sociales, y no lo hago. Son indispensables hoy en día, y verdaderamente creo que están hechas para servirnos. Pero, como cualquier herramienta es importante saberlas usar, y saber darles el tiempo y la atención que se merece, no caer en el hoyo negro en el que pueden convertirse.

Hoy en día aún no tengo el total control sobre ellas, y paso de un extremo a otro. Muchas veces me encuentro en momentos que no debería en Pinterest o chequeando Instagram. Pero, si no me ven con el celular en la mano es porque usualmente se encuentra boca abajo en la mesa para no distraer, o dentro de mi cartera. Siempre en silencio (cosa que amigos me han regañado porque a veces no me pueden encontrar). Mis personas cercanas saben que, si es una emergencia, mejor una llamada que un mensaje conmigo. No he encontrado el centro, y los extremos sé que son malos, pero con el tiempo y con conciencia creo que encontraré el balance.

Ahora, los reto a hacer su propia détox con sus propias reglas. ¿Se atreverían? ¿Ya han hecho algo similar? Cualquier pregunta, comentario o historia no teman en escribirme. Que justo para eso está el internet.

 

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