Conversación con Cupido

Conversación con Cupido

En el bar había pocos ojos. Lo que suele suceder al visitar un bar en ciertas pinturas.

La noche en Nighthawks, usualmente silenciosa con sus dos caballeros que brillan por su parecer promedio. La dama de rojo, persuadiendo un cigarrillo de las manos del joven de azul. Y el fiel barman, buscando conversación en cada taza de café que sirve.

Esa noche, los nuevos éramos dos. Nuestra conversación al principio fue ignorada entre los locales, son buenos para eso. Cupido y yo, sentados lado a lado al final del bar, haciendo más ruido de lo usual para el lugar. Este Cupido es un bebé sí, pero en personalidad. Ni siquiera deja atrás sus vestiduras romanas, sin importar la ocasión para como él me recordaba “recordar los buenos tiempos.” Solo me alegre que al menos no estaba desnudo.

Mi café ya lo había terminado, y Cupido aún de a sorbos con su chocolate caliente. Más para no contestarme que otra cosa. Nuestras conversaciones nunca han sido pacíficas, y esta no fue diferente. Todo empeoró cuando me deslizo de vuelta el sobre lleno de dinero. El maquiavélico dice que el amor no trabaja así.

—Todo a su tiempo —me dijo con esa sonrisa serena tan fastidiosa, mientras tomaba otro sorbo de su taza. 

—Estoy cansada de la paciencia—murmuré mientras mis ojos observaban sus adoradas flechas colgadas en la espalda—. No seas así, que todo se resuelve con la flecha que me corresponde.

—Así no trabajan las circunstancias —explicó, girando su silla hacia mi ocultando su espalda, y mirándome a los ojos—. Mejor ayúdate para ayudarte.

—¿Qué quiere decir eso? —vociferé, y por primera vez la clientela tomo nota de nosotros, saliendo un momento de su propio mundo.

—Calma, que harás que nos prohíban de otra pintura—dijo en tono más bajo, apoyó el codo en el bar y se restregó los ojos perdiendo la sonrisa Colgate conmigo por primera vez en la conversación—. Lo estoy intentando—suspiró—, pero mujer que fue eso ahora de que a ti nadie te roba nada.

No pude contener mi risa, al recordar a uno de los últimos que me había enviado Cupido. Mientras reía, Cupido se paró del asiento y se limpiaba las manos con una servilleta de papel, y con el ceño fruncido.

—El tipo me preguntó quién me roba la sonrisa, hay que ser un poco más original de ahí —me defendí encogiendo mis hombros—.   

Seguí sus manos con la mirada, mientras estaba distraído. Ese era el momento. Aproveché y lancé a toda fuerza mi cuerpo hacia su espalda para arrebatarle una flecha. Mi flecha. Cupido, que parece de otra época y de nombre Hermes, me evadió con facilidad. Yo caí al piso, y él ya estaba junto la pelirroja para encender su cigarrillo, que lo aceptó con una sonrisa.

—Ni siquiera me ayudas a pararme. Que dios me gasto—. Mascullé desde el piso. Cupido me ignoró, y camino hasta la puerta. Volteó, escondiendo las flechas de mi vista.

—Solo mira a la persona a los ojos, así mismo como me estás haciendo ahora, pero con otras intenciones. Eh, y no digo más. Es más, una ñapa, deja de huir.

Me levanté del piso, y por igual me acerqué a la puerta. La atmosfera en el lugar volvía a su estado natural, callado y presente. Como si la pintura estuviera en cuenta que sus nuevos inquilinos ya estaban por irse.

—Ahora te crees dominicano. Mejor dame la flecha, y te libras de mí— le propuse, levantando ambas manos y mostrando mis palmas en son de paz.

—No es tan fácil. Y es más fácil—, me respondió, volviendo a su personalidad calmada y alegre—. Y además, hasta me estoy acostumbrando a tu caso.

Gruñí, y abrí la puerta para salir. Al parecer, ese no era el momento. ‹‹ Paciencia, paciencia. Me tiene harta con la paciencia. ››

—Ya, ya—me dijo como leyendo mis pensamientos—. Ven vámonos. A la próxima nos reunimos en un bar más animado. A ver qué le dices al próximo.

Un suspiro se me escapó. Crucé la puerta. Ya vendrán otros días.

Una carta a Sudan (the rhino)

Una carta a Sudan (the rhino)

Gracias 2017, hola 2018. Una carta para ti.

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